Ruta de ida y vuelta por: Arjonilla → Arjona → Martos → Alcaudete
Distancia: 165 km Desnivel acumulado: 2264 m
Tipo de terreno: Asfalto, carreteras secundarias
Dificultad: Alta (por acumulación y repechos continuos)
Tipo de perfil: Rompepiernas continuo (diente de sierra)
Subidas: Pendientes medias 4–6%, máximas 8–10%
Tramo más duro: Martos → Alcaudete
Cuentan que en tiempos de la Orden de Calatrava, un caballero llegó una mañana ante las puertas de la fortaleza. Venía solo, sin ejército, ni estandarte, ni máquina de asedio. Solo una curiosa montura de dos ruedas.
El alcaide lo observó desde la muralla.
—¿Venís a parlamentar?
—No.
—¿A comerciar?
—Entonces habréis venido a conquistar el castillo.
El caballero levantó la mirada.
—Esa era mi intención cuando salí esta mañana.
El alcaide reparó entonces en ciertos detalles: el polvo del camino, el rostro enrojecido, las piernas temblorosas y una expresión que, de cerca, tenía más de resignación que de épica.
—¿De dónde venís?
—De Marmolejo.
El alcaide señaló la máquina.
—¿Qué clase de bestia es esa?
El caballero bajó los ojos.
—Una bicicleta.
—¿Y qué come?
El caballero pensó unos instantes.
—Principalmente, mis piernas.
El centinela tuvo que apartarse de la almena para ocultar la risa.
El alcaide, en cambio, permaneció serio.
—Entrad —dijo finalmente.
Le dieron agua, comida y un lugar donde descansar. Después, ya repuesto, el caballero pidió subir a la torre. Desde allí contempló los olivares, las lomas y el camino serpenteando hacia el horizonte.
—Hermosa tierra —dijo.
—Lo es.
El caballero permaneció unos instantes contemplando el paisaje.
—¿Y por dónde se vuelve a Marmolejo?
El alcaide señaló el camino por el que había venido.
El caballero contempló el camino. Luego contempló su bicicleta. Y por primera vez aquella mañana comprendió que había cometido un error de estrategia. No había calculado la retirada. Aun así, descendió de la torre, montó y emprendió el regreso.
El alcaide lo vio alejarse y preguntó al centinela:
—¿Decís que ha venido a conquistar Alcaudete?
—Eso ha dicho.
El alcaide sonrió.
—No. Ha venido a descubrir que todavía le quedaba la vuelta.
Porque hay fortalezas que se toman por la fuerza, otras por la astucia y algunas, mucho más severas, se toman dos veces: una al llegar y otra cuando uno consigue regresar a casa.




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